La niña y la IA
Hace unos días, en un vuelo a São Paulo, entré en el avión muy tarde y, cuando llegué hasta mi plaza, había en el asiento una niña. No era una aparición. Se llamaba Antonela. Era una niña minúscula y morena, de pelo crespo y ojos negrísimos, vestida con un pijama peludo de color rosa tachonado de estrellitas blancas. Tenía un año y medio y viajaba a Brasil con su mamá de vuelta a casa tras haber visitado a unos parientes en Portugal. Al ver a Antonela, que me miraba fijamente
Hace unos días, en un vuelo a São Paulo, entré en el avión muy tarde y, cuando llegué hasta mi plaza, había en el asiento una niña. No era una aparición. Se llamaba Antonela. Era una niña minúscula y morena, de pelo crespo y ojos negrísimos, vestida con un pijama peludo de color rosa tachonado de estrellitas blancas. Tenía un año y medio y viajaba a Brasil con su mamá de vuelta a casa tras haber visitado a unos parientes en Portugal. Al ver a Antonela, que me miraba fijamente, no pude dejar de sucumbir a su desarmante belleza, pero tampoco dejar de pensar con una cierta contrariedad: “Qué viaje tan difícil me espera”. Seguir leyendo
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