Actos y autos de fe
A Jorge Luis Borges le intrigaba que a todo lo largo de los Evangelios Cristo escribe una sola vez; lo hace sobre tierra o arena, y no llega a saberse lo que ha escrito. La escena está en el Evangelio de Juan, contada con la prosa seca del Nuevo Testamento, que, según el gran especialista Antonio Piñero, fue escrita en un griego más bien rústico y nada literario. El resultado es de una austera eficacia visual, que le hace a uno pensar en El Evangelio según san Mateo, de Pasol
El texto evoca la escena bíblica donde Jesús es confrontado con una mujer acusada de adulterio y la ley mosaica que prescribe la lapidación. En lugar de responder directamente, Cristo se inclina y escribe en la tierra, un acto que intriga por su misterio y su escasa descripción en los Evangelios. Cuando los acusadores insisten, Jesús les desafía a que el primero sin pecado arroje la piedra. Tras este desafío, se inclina nuevamente a escribir, y los presentes se retiran gradualmente, comenzando por los ancianos. Finalmente, solo quedan Jesús y la mujer. Él le pregunta por sus acusadores y, al no haber ninguno, le perdona, instándola a no pecar más. La narrativa destaca el silencio, la retirada de la multitud y el desenlace compasivo y liberador.
Este relato bíblico, a través de su enigmática acción y su mensaje de perdón, ofrece una profunda reflexión sobre la justicia, el juicio y la misericordia, contrastando la ley con la compasión.
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