El modelo de seguridad de Bukele naufraga en el Ecuador de Noboa
Ecuador se ha convertido en el escenario sudamericano que mejor ilustra los límites y los peligros de aplicar una fórmula importada para hacer frente a la creciente violencia . Lo que en El Salvador de Nayib Bukele se vende como un milagro de mano dura, en el Pacífico ecuatoriano naufraga en medio de un baño de sangre inédito. La seguridad en el territorio ecuatoriano parece que no se deja contener con recetas diseñadas para pandillas de barrio. Seguir leyendo
La construcción de prisiones de máxima seguridad y la militarización de las calles no logran contener una ola de extorsiones y asesinatos que desborda al Ejecutivo ecuatoriano
Ecuador se ha convertido en el escenario sudamericano que mejor ilustra los límites y los peligros de aplicar una fórmula importada para hacer frente a la creciente violencia. Lo que en El Salvador de Nayib Bukele se vende como un milagro de mano dura, en el Pacífico ecuatoriano naufraga en medio de un baño de sangre inédito. La seguridad en el territorio ecuatoriano parece que no se deja contener con recetas diseñadas para pandillas de barrio.
En enero de 2024, unas semanas después de asumir el cargo, Daniel Noboa enfrentó una crisis que conmocionó al país: motines simultáneos en las cárceles, coches bomba en varias ciudades y la irrupción armada de un grupo criminal en un canal de televisión que transmitía en directo. Fue entonces cuando el mandatario ecuatoriano volvió a ver a la “franquicia Bukele”.
Como el salvadoreño dos años antes, Noboa encontró en la emergencia las condiciones para justificar medidas excepcionales. Declaró el conflicto armado interno por primera vez en la historia del país, entregó a los militares el control de las calles y las cárceles, y convirtió la lucha contra el crimen en el eje de su Gobierno. El discurso también comenzó a parecerse al de El Salvador: una batalla contra los enemigos del Estado que debía librarse sin contemplaciones.
Los resultados no fueron los esperados. Lejos de contenerse, la violencia siguió escalando. Ecuador registró el pasado año 9.268 homicidios, la cifra más alta de su historia. Las extorsiones se multiplicaron, los secuestros se volvieron cotidianos y, ante la presión militar en las ciudades, las bandas ampliaron su control hacia otros territorios. Un año después de Daniel Noboa: Ecuador, el país más inseguro de América Latina.
La pregunta que los analistas se hacen es por qué falló el modelo de mano dura salvadoreño. “Bukele enfrentó estructuras de pandillas territoriales; Noboa enfrenta economías criminales transnacionales”, explica el analista en seguridad Daniel Pontón. “Bukele ha sido más efectivo juzgando a los criminales, pero los niveles de impunidad en Ecuador son altísimos y la justicia está siendo usada para eliminar opositores”, añade. Aplicar el modelo de seguridad de El Salvador en Ecuador, resume, es como dar ibuprofeno para tratar un cáncer.
La influencia de Bukele siguió, sin embargo, marcando el camino. En noviembre de 2025, Noboa inauguró la cárcel de máxima seguridad El Encuentro, construida con a
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