Pedro Ruiz (Pago de Carraovejas): “Sufrí un palo importante, un pellizco, pero he aprendido”
“Cuando eres muy joven vas a tope de revoluciones con el cuentakilómetros, pero a medida que van pasando los años, la aguja empieza a ir más despacio. Empiezas a mirar hacia atrás”. Pedro Ruiz Aragoneses recurre a esta metáfora para explicar cómo se gestiona una empresa familiar como la que tiene a su cargo, Alma Carraovejas, uno de los grupos vitivinícolas más respetados. Seguir leyendo
Tras un bienio complicado por el ansia de crecer y mala suerte con el clima, el grupo bodeguero firmó en 2025 su mejor ejercicio al superar los 30 millones de ingresos
“Cuando eres muy joven, vas a tope de revoluciones con el cuentakilómetros, pero a medida que van pasando los años, la aguja empieza a ir más despacio. Empiezas a mirar hacia atrás”. Pedro Ruiz Aragoneses recurre a esta metáfora para explicar cómo se gestiona una empresa familiar como la que tiene a su cargo, Alma Carraovejas, uno de los grupos vitivinícolas más respetados.
Este empresario nacido en Segovia hace 44 años sabe de lo que habla. Se hizo cargo de la empresa familiar con apenas 25 años y corrió a toda prisa: convirtió una pequeña bodega familiar en Peñafiel en uno de los grupos más admirados con varias denominaciones como el prestigioso Pago de Carraovejas, Ossian, Milsetentayseis, las bodegas Viña Meín y Emilio Rojo en la cuna del Ribeiro; Aiurri, en la Rioja Alavesa y Marañones en Sierra de Gredos. También abrió el restaurante con una estrella Michelin, Ambivium, una importadora de vinos y una fundación, Cultura Líquida, para dar rienda suelta a los procesos creativos en torno a los caldos.
En apenas una década, el grupo bajo el que se agrupan todos los proyectos empresariales, Alma Carraovejas, pasó de facturar poco más de dos millones de euros a más de 30 millones el año pasado. Pero las historias de éxito también tienen sus claroscuros. La empresa, una de las más innovadoras del sector vitivinícola español, sufrió un traspié entre 2023 y 2024. Quizá por las prisas en crecer a toda costa, quizá por la mala suerte, pero el revés supuso un aprendizaje para Pedro Ruiz, cuyos vinos están entre los más demandados y reconocidos de la industria.
“2024 fue un año muy duro para nosotros”, admite el empresario en una entrevista con EL PAÍS desde Ciudad de México, adonde ha viajado para participar en el IX Congreso anual de Ceapi, la organización empresarial que busca estrechar lazos entre las compañías iberoamericanas y españolas. “Es verdad que fueron los años de mayor crecimiento e inversión y con el equipo, pero hay un suceso que nos marca mucho: perdemos el 90% de la producción en Ossian por helada; el 40% de Pago de Carraovejas por un pedrisco el 28 de agosto, donde perdemos todo el entorno de la bodega y la Cuesta de las Liebres, la parcela más emblemática que tenemos. También perdimos el 50% de Milsetentayseis y el 50% de Marañones”, justifica.
“Nos pega un palo importante. Es un pequeño pellizco”, admite. “Fue un aprendizaje importante. Creo que tenemos que pasar por esto
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