Uruguay caro, Estado caro
El gobierno trabaja en medidas para tratar de abaratar los precios transables. Pero todavía tenemos pendiente una conversación sobre los costos que también explican por qué el país es caro para vivir y producir
“Es una sensación generalizada que Uruguay es un país caro. El café baja automáticamente de precio solo por cruzar unas cuadras en el Chuy. La pasta de dientes sale menos en varios países europeos, aunque tengan ingresos considerablemente más altos. Los extranjeros que nos visitan suelen quejarse de precios significativamente mayores a los de sus países de origen. Y así se podría seguir con un ejemplo tras otro.”
Así comenzaba una columna publicada en este mismo espacio hace casi un año. Y la descripción sigue vigente.
En aquel momento apunté contra los bienes transables, es decir, aquellos que pueden comerciarse con el resto del mundo. Estos deberían regirse por la ley de un solo precio: productos idénticos tendrían que costar lo mismo en todas partes, salvo por diferencias asociadas al transporte. Sin embargo, en Uruguay esto no ocurre. Los desvíos de precios existen y son persistentes. En comparación con un pool de países, Uruguay es en promedio un 27% más caro.
Estos desvíos se asocian, entre otros factores, a una baja intensidad competitiva en el mercado doméstico y a una elevada dependencia de insumos importados. Es decir, hay poca competencia a nivel importación, por lo que los productos ya ingresan al país con precios elevados, mucho antes de llegar a la góndola.
El gobierno ha anunciado una agenda de reformas en esta materia, orientada a reducir cargas burocráticas en algunos casos y agilizar procesos en otros. Toca esperar para cuantificar el impacto de las medidas, pero al menos la discusión parece estar instalada.
Esta vez toca apuntar contra los no transables, aquellos bienes y servicios que no pueden exportarse ni importarse, por lo que su oferta y demanda dependen exclusivamente del mercado local.
El principal componente no transable de cualquier economía son los salarios. Y los salarios uruguayos son altos en comparación con los de la región. Si bien remuneraciones más elevadas implican mayores costos para las empresas, que eventualmente se trasladan a precios, también son reflejo de mayores niveles de ingreso y bienestar. Es, sin duda, una diferenciación positiva con respecto a nuestros vecinos.
Pero existen otras variables no transables que no necesariamente son deseables por el simple hecho de ser más caras que en el resto de América Latina. De hecho, todo lo contrario. En esa bolsa entran los combustibles y la electricidad. En ambos casos, Uruguay se ubica en el podio de más caro de la región.
Los combustibles suelen estar en el centro de la discusión pública. Más aún desde que la guerra en Irán generó presiones sobre el valor
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