La ofensiva israelí en el sur de Líbano: 2.900 muertos, 36.000 casas destruidas y 1,4 millones de desplazados
El sur de Líbano, convertido desde 2023 en campo de batalla entre Israel y la milicia proiraní Hezbolá, sufre una nueva oleada de devastación desde el 28 de febrero, cuando el Gobierno israelí y el de Estados Unidos declararon la guerra a Irán y Hezbolá volvió a empuñar las armas en solidaridad con su aliado. Israel se volcó entonces en la respuesta contra Líbano, recrudeciendo la ofensiva militar y la ocupación del país vecino. Seguir leyendo
La campaña de Israel ha desplazado a una cuarta parte de la población del país en tres meses
El sur de Líbano, convertido desde 2023 en campo de batalla entre Israel y la milicia proiraní Hezbolá, sufre una nueva oleada de devastación desde el 28 de febrero, cuando el Gobierno israelí y el de Estados Unidos declararon la guerra a Irán y Hezbolá volvió a empuñar las armas en solidaridad con su aliado. Israel se volcó entonces en la respuesta contra Líbano, recrudeciendo la ofensiva militar y la ocupación del país vecino.
En estos tres meses, incluso con una supuesta tregua en vigor —prorrogada esta misma semana—, la campaña israelí ha matado en esa zona sur a 2.914 personas (un 83% de las 3.516 víctimas mortales en todo Líbano), ha destruido 36.000 viviendas (un 72% del total) y ha exigido el desalojo de 300 municipios, provocando el pánico y el aislamiento de la población y llevando al exilio a quienes aseguraban que nunca se irían.
La imprevisibilidad de los ataques, que Israel lanza contra bloques residenciales y carreteras sin hacer el menor amago de justificarlos ante sus aliados internacionales, alcanza equipos médicos a diario y anula casi toda la actividad comercial en el sur del país.
Todo ello ha supuesto el desplazamiento forzoso de 1,4 millones de libaneses. El dato, aportado el pasado miércoles por el Ministerio de Sanidad de Líbano a EL PAÍS, representa una cuarta parte de la población nacional (que es de unos 5,5 millones de personas) e iguala la cifra de desplazados que se registró durante el otoño de 2024, la peor hasta ahora.
La campaña que Israel inició contra Hezbolá en marzo, y que el Gobierno de Benjamín Netanyahu planteó como la definitiva, ha implicado la ocupación por la fuerza de una franja fronteriza en suelo libanés que el ejército israelí describe como “zona de seguridad”, y que engloba unos 600 kilómetros cuadrados (casi el doble que toda la franja de Gaza). Esa invasión, que se expande por el 6% del territorio de Líbano, tiene bajo ocupación 68 aldeas, según el recuento del primer ministro libanés, Nawaf Salam, que el domingo acusó a Israel de aplicar una política de “devastación total”.
Antes de la tregua declarada en abril —y nunca respetada por Israel—, el Gobierno de Netanyahu ya impuso una orden de desalojo de todo del territorio hasta el río Litani, a unos 30 kilómetros al norte de la frontera. La anunció el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, adelantando que la medida afectaría a unas 600.000 personas y precisando que los musulmanes chiíes —mayoritarios en la zona y que profesan la misma confesión que Hezb
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