Los precios y la laxa normativa de Salamanca resquebrajan el uso de la mítica piedra dorada de Villamayor
Oro parece, pero trampa es. Un paseo minucioso por el atardecer de Salamanca revela que el sol ilumina de forma distinta esos edificios de piedra arenosa, marronácea, dorada, icónica en una ciudad Patrimonio de la Humanidad . Hay fachadas, como la de la Casa de las Conchas, la catedral vieja o la reconocible plaza Mayor, ante las que uno juraría que cambia de color cada tarde; quizá sea verdad: la piedra de Villamayor que la compone se caracteriza por cómo refleja la luz sola
Oro parece, pero trampa es. Un paseo minucioso por el atardecer de Salamanca revela que el sol ilumina de forma distinta esos edificios de piedra arenosa, marronácea, dorada, icónica en una ciudad Patrimonio de la Humanidad . Hay fachadas, como la de la Casa de las Conchas, la catedral vieja o la reconocible plaza Mayor, ante las que uno juraría que cambia de color cada tarde; quizá sea verdad: la piedra de Villamayor que la compone se caracteriza por cómo refleja la luz solar y sus ocres rumbo al ocaso. Hay otras que no. Que tienen piedra parecida, marrón, muy parecida a la procedente de esas canteras a unos kilómetros de Salamanca, pero que no proviene de ese pueblo donde hoy solo queda una empresa activa. El declive de este material se debe a la competencia de precios más baratos y la normativa del Ayuntamiento de Salamanca (PP), que desde 2007 ya no obliga a utilizar esa piedra en las fachadas de la ciudad, sino que permite alternativas similares. Seguir leyendo
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