Marjane Satrapi: directa, cortante, transparente, desbordante, genial
Era tal cual. Como un personaje de sus cómics. Directa, sin filtros. Cuando la entrevistabas, mejor pensar bien las preguntas. No estaba para tonterías. Seguir leyendo
Así era, idéntica a sí misma, a la niña de ‘Persépolis’, la Mafalda persa, uno de esos milagros literarios que explican todo un mundo, el de quien creció durante la revolución y los primeros años del odio de los ayatolás
Era tal cual. Como un personaje de sus cómics. Directa, sin filtros. Cuando la entrevistabas, mejor pensar bien las preguntas. No estaba para tonterías.
La última vez, en noviembre de 2023, abrió la puerta de su apartamento en el este de París y, cuando vio que yo iba acompañado del fotógrafo Bruno Arbesú, respondió con esta negativa tajante. No quería que la fotografiásemos. Ni hablar, de ningún modo. Y no había manera de convencerla para que cambiase de opinión.
—No es para hacerme la interesante, pero cada vez que alguien me hace una foto me siento un poco como los africanos del siglo XIX, tengo la impresión de que me roban el alma. Ni a mis amigos les dejo hacer fotos de mí, y lo saben. Y si lo hacen les quito el teléfono y la borro.
Así era Marjane Satrapi, que ha muerto “de tristeza” poco más de un año después de la muerte de Mattias Ripa, su marido. Así era ella: directa, cortante, transparente, desbordante, genial. Y así era, idéntica a sí misma, a la Marjane Satrapi de Persépolis, la Mafalda persa, uno de esos milagros literarios que explican todo un mundo, el de la niña que creció durante la revolución y los primeros años de la represión y el odio de los ayatolás. “Yo pensaba en Tolstói”, explicaba, “que decía: ‘Si quieres hablar al mundo, habla de tu aldea”.
Sí, fue un milagro. Ella contaba que no había leído muchos cómics antes de llegar a Francia para estudiar en la Escuela de Artes Decorativas de Estrasburgo, que desconocía los códigos del género, que fue el dibujante de origen español Émile Bravo quien le ayudó, que nunca pensó que iba a vender más de cincuenta fotocopias de aquella historieta autobiográfica. Fue un éxito mundial que transformó el género y su vida.
“Cuando era estudiante tenía clara una cosa: iba a ser pobre. Viviría en una buhardilla, comería siempre pasta y nunca iría de viaje, pero trabajaría en lo que me gustara”, contó en el estudio donde pintaba, también en París, unos años antes de aquella entrevista sin fotos. “Tengo la impresión de haber ganado el Oscar de la vida. ¿Cuánta gente puede decir que vive de lo que adora hacer?” Aquel primer encuentro sucedió a principios de 2020, unos días antes de se declarase la pandemia, y Marjane Satrapi, que acababa de estrenar una película sobre Marie Curie y preparaba una exposición de sus lienzos, explicó que estaba decidida a no volver a los tebeos: “Soy
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