Enfermedad y síntoma

📌 Diğer 📰 El País (ES) 🕐 11 saat önce
Enfermedad y síntoma

Perdón por la ingenuidad, pero me he levantado un poco flojo ante el panorama político y ante el horizonte económico y ante el paisaje colectivo en general, y se me ha ocurrido que todos deberíamos entristecernos cada vez que se descubre un caso de corrupción , aunque afecte al partido cuyas ideas detestamos. La indecencia no perjudica solo a quienes la practican, sino al conjunto de la sociedad, al cuerpo místico, podríamos decir, según esa extraña y poderosísima idea del cr

Perdón por la ingenuidad, pero me he levantado un poco flojo ante el panorama político y ante el horizonte económico y ante el paisaje colectivo en general, y se me ha ocurrido que todos deberíamos entristecernos cada vez que se descubre un caso de corrupción , aunque afecte al partido cuyas ideas detestamos. La indecencia no perjudica solo a quienes la practican, sino al conjunto de la sociedad, al cuerpo místico, podríamos decir, según esa extraña y poderosísima idea del cristianismo. Constituye, en fin, una avería del sistema. Celebrarla porque daña al adversario es como alegrarse de que el motor del autobús en el que viajamos se incendie porque el conductor pertenece a otro sindicato. Pero en política, la corrupción se recibe como una oportunidad más que como una desgracia. La satisfacción táctica anula la preocupación moral porque hemos transformado la militancia en una seña de identidad. Cuando uno se identifica mucho con el Real Madrid, por poner un ejemplo, se alegra de que el mejor jugador del Barça se rompa una pierna que le impida llegar a la final. El malestar ajeno, en fin, consuela a menudo del descontento propio. Se trata de una alegría negativa, casi de una alegría inversa que deja un sabor un poco extraño, como el de la saliva en las resacas medicamentosas. Dos vecinos viven pared con pared. Uno descubre una grieta gravísima en el piso del otro, al que odia, y lo celebra con champán sin advertir que su vivienda comparte cimientos con la de la grieta. La democracia es un fenómeno raro y permanentemente amenazado. Cada caso de corrupción descubierto es una buena noticia porque revela la enfermedad, pero una mala nueva porque confirma su existencia. Cuando solo nos parece una buena noticia, algo se desajusta en nuestra sensibilidad cívica. Tal vez la patología consista en gozar de los beneficios secundarios que proporciona el síntoma, en vez de preocuparnos por la enfermedad de fondo que nos mata.

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