El Gobierno deja a medias su proyecto laicista tras ocho años de roces y pactos con los obispos
El martes hizo ocho años de una escena hasta entonces inédita. El 2 de junio de 2018, un presidente del Gobierno tomaba posesión del cargo sobre una mesa en la que por primera vez no había ni un solo símbolo religioso. Ni crucifijo, ni Biblia. Los obispos tenían motivos para la inquietud. Y no solo por aquel gesto de modernidad aconfesional. Nadie había llegado a La Moncloa con un catálogo tan grueso de objetivos laicistas. En los dos años anteriores, Pedro Sánchez se había c
Han pasado ocho años desde que Pedro Sánchez asumió la presidencia del gobierno español sin símbolos religiosos en su ceremonia de investidura, marcando un hito en la relación entre el Estado y la Iglesia. Durante su mandato, Sánchez se propuso impulsar una agenda laicista, incluyendo objetivos como que la Iglesia pagara el IBI, la eliminación de la Religión del horario escolar y la modificación de acuerdos con el Vaticano. A pesar de las intenciones iniciales y los ocho años de negociaciones y pactos con los obispos, el proyecto laicista del gobierno parece haber quedado incompleto.
La gestión de la relación entre el Estado y la Iglesia Católica, incluyendo aspectos fiscales y educativos, es un tema de relevancia social y política continua en España.
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